La incorporación de los turbocompresores en los motores diésel fue un paso decisivo para incrementar su potencia y reducir el consumo del invento que Rudolf Diesel patentó en 1892 y que se presentó en la Feria Internacional de París de 1900 como el primer motor para biocombustible está de plena actualidad. La progresión que ha experimentado en las últimas décadas esta tecnología ha logrado una importante reducción del consumo y las emisiones contaminantes, pero ese recorrido no ha concluido y se esperan muchos más avances en las dos próximas décadas que permitan obtener motores más limpios y silenciosos.
Los conductores, empezando por los europeos, se han rendido ante la eficiencia de este tipo de motores, sobre todo desde que Audi introdujera la inyección directa de alta presión (TDI) en 1989 o el grupo Fiat montara en el Alfa 156 (1997) el primer sistema common-rail de inyección del combustible por conducto común, que ahora utilizan la mayoría de fabricantes. En una encuesta realizada por Bosch, que fue la empresa que se encargó de la industrialización y posterior desarrollo del Common-rail, se puede apreciar que el 58% de los conductores europeos se decanta por el diésel, frente al 26% que prefiere motores de gasolina, un 8% los motores híbridos y un 4% los eléctricos.
Quien ha probado un motor de este tipo suele repetir, y sobre todo si se trata de mecánicas de última generación en las que se ha logrado un mayor refinamiento que se traduce en suavidad y confort al eliminar las vibraciones, y todo ello con unas cifras de consumo impensables hace años. Un vehículo de tamaño compacto puede realizar más de 1.000 kilómetros con el depósito lleno, y eso se valora mucho al adquirir un nuevo coche. Una buena prueba de la eficiencia y fiabilidad de estos sistemas es que los dos últimos vencedores de las 24 Horas de Le Mans –Audi y Peugeot- montaban en sus coches de competición tecnología diésel –TDI o HDI, respectivamente- y ya son muchos los modelos deportivos de calle que también se han atrevido, así como los cabrios.
Económicos y limpios
Lo que más valoran los conductores que han participado en esta encuesta es la economía de combustible, ya que frente a sus rivales de inyección directa de gasolina gastan un 25% menos, pero también argumentan que el valor de recompra del vehículo es superior, un aspecto que antes no se tenía en cuenta. También miran la limpieza de estos motores, ya que las emisiones de CO2 son un 25% inferior a los de gasolina, y se esperan reducciones muy importantes en los próximos años.
Es cierto que para amortizar el sobreprecio que hay que pagar por una mecánica diésel es necesario hacer un número elevado de kilómetros al año, pero cada vez esa diferencia es más reducida y compensa a quienes utilizan el coche por motivos profesionales o viajan mucho con la familia. La imagen de coches ruidosos, lentos y contaminantes ya ha pasado a la historia, y ahora logran prestaciones similares o superiores a los de gasolina, sobre todo al hablar de aceleraciones.
Reducir las emisiones
El objetivo ahora es reducir las emisiones de CO2 y otras sustancias contaminantes, como el NOx, que vendrá regulado por la normativa Euro 6. Para ello los fabricantes de estos sistemas están trabajando en diferentes tecnologías como la refrigeración en la recirculación de gases de escape, catalizadores de oxidación y catalizadores por reducción. Además, la tendencia es hacer motores con menor cilindrada y emplear la tecnología Start&Stop que detiene el motor cuando el vehículo no circula, arrancando de forma inmediata al pisar el embrague para introducir primera.
Las emisiones de CO2 se han reducido un 98% desde 1990, y las tecnologías mencionadas permitirán que se alcancen los 95 g/km de CO2 de media en 2020, aunque ya hay coches de los segmentos más pequeños que han alcanzado esa cifra. En brevel Peugeot tiene previsto lanzar el primer sistema híbrido que utiliza un motor diésel HDI combinado con uno eléctrico, y la tecnología continuará evolucionando hasta que los fabricantes tengan a punto energías no contaminantes que sean capaces de sustituir al petróleo. Su eficiencia, sobre todo en largos desplazamientos, ha quedado patente, y aún veremos muchas innovaciones antes de que los coches eléctricos dominen el mercado.
